Esta es la primera, de una serie que he tardado mucho en decidirme a mostrar. Forma parte de un tipo de fotografias que realicé en grupo, en un grupo de amigos y familiares con los que durante años fui feliz. Estoy hablando de los primeros años de la década de 1990.
Al inicio todos éramos modelos y fotógrafos, porque nuestro interés era hacer las fotografías, y claro, había que turnarse para estar delante de la cámara. Más adelante cuando otros conocidos y amigos de amigos empezaron a ver las fotografías, tuvimos algunas peticiones para posar como modelos, por parte de personas a las que interesaba tener fotografías de ellos mismos, como las que habían visto en una reunión de amigos o en una cena a la que habían sido invitados.
Esta que muestro, es una de ellas. La modelo es una chica que no formamaba parte de nuestro círculo inicial, joven, bonita y delicada. Era indispensable posar desnudo y eso, claro, era una barrera para muchas personas.
No hace mucho, tan solo unos meses, he vuelto a mostrar ocasionalmente algunas de las fotos y ha vuelto a ocurrir lo mismo, alguna de las personas que las han visto desean posar para tener imágenes de sí mismos transformados en seres especiales. Me cuesta volver a hacerlo, sobretodo porque para mí está todavía muy vivo el recuerdo de aquellas sesiones, maratonianas y caóticas, en las que andábamos ahora desnudos ahora en albornoz, con la cámara a cuestas, estorbándonos unos a otros, pero todos presa de una fiebre. Una fiebre que se producía cuando se apagaban las luces del estudio (bueno de lo que ocasionalmente podíamos conseguir como estudio) y se producía la mágia, la transformación, el cuerpo se convertía en cualquier cosa: un tronco, una roca, una constelación, un bosque azulado...las ninfas aparecían en la oscuridad. Quizá vuelva a intentarlo.
Ada es un nombre prestado de la novela de Nabokov, pero me gusta para esta ninfa delicada, esta hada salida de una noche azulada, para ese ser un poco asustado que se gira a medias al oir el ruido de los clics! clic! clic!, que vienen de más allá de su mundo, que se siente observada pero no ve a nadie. Nosotros desde la oscuridad, la hemos visto aparecer como por arte de mágia, la magia de la luz, y sabemos que se desvanecerá tan pronto como queramos tocarla. Sólo nos queda mirar, como un modo de tocar a distancia, de acariciar sin disturbios. Sólo nos queda la foto.
Aquí la teneis.
Esta vez no seré prolijo, me voy a dar tiempo para explicaros lo que hacíamos y como, foto a foto,
mágicas tranformaciones.
Hasta la próxima. Enric